Por Marco Tulio Meza
A lo largo de todo estos años, mucha gente siempre me ha preguntado cómo inició el proyecto de la revista Avance Hispano. Hoy, después de 20 años de publicación, voy a dar una reseña de como comenzó todo.
Para octubre de 1989 yo admiraba una pequeña publicación de cuatros páginas, con uno o dos a colores donde se hacían reseñas de lugares muy apreciados de El Salvador. La publicación se llamaba Torogoz y yo siempre conservaba conmigo una copia, que era difícil de conseguir pues la revista era editada en Los Ángeles. El editor la hacía llegar hasta San Francisco por lo que era un proyecto editorial bastante ambicioso.
Para entonces la revista esa no despertaba ningún interés editorial en mí, mucho menos el de asumir un proyecto de tal magnitud. Mi profesión estaba orientada hacia la consultoría de negocios, asuntos fiscales y la preparación de impuestos. Y pues, mi negocio sí estaba surtiendo un efecto positivo. Recuerdo que durante la temporada de impuestos yo recibía decenas de preguntas diarias relacionadas a asuntos de negocios y todas eran iguales o similares. Fue así como comencé a preparar documentación sobre negocios y a enfocarme en ello.
Un día decidí pintar mi oficina que para entonces quedaba en las calles 22 y Misión; yo tenía un sub-arriendo con el empresario Peter Gómez (QEPD) y él mismo me recomendó a un joven puertorriqueño llamado Ed López. Ed comenzó a pintar la oficina y al terminar me preguntó si hacía un diseño en la pared; me dijo que se vería muy moderno, y bueno, pues le compré la tal sugerencia y esto lo hizo tomarse hasta una semana más para terminar el proyecto. Recuerdo que a veces tenía que esperarlo para poder yo cerrar la oficina y ahí es donde se da el origen de todo: Comencé a ojear la revista Torogoz.
Yo le manifesté a Ed mi interés de hacer una revista como aquella, y él comenzó a decirme que hacer una publicación en ese tiempo era mas fácil y menos costoso ya que estaba en su apogeo la Mac, en ese entonces exclusiva para diseño gráfico y lo primero que pensé fue que sería la mejor forma de utilizar mi material documental de asuntos fiscales en el que había trabajado. Pensé en diseminarlo y no solo compartirlo con mis clientes. Así entró la inquietud editorial en mí.
Hoy que escribo este relato me doy cuenta de que Ed era convincente, porque ahora entiendo que lo que estaba haciendo era crear una fuente de trabajo para sí, ya que también trabajaba en el Bohemio News; con este nuevo proyecto él se alivianaría su pan y sobrevivencia, y vio que había futuro.
Pero sus suposiciones de costos y géneros administrativos no fueron ni por cerca de la realidad y yo fallé en hacer un estudio de factibilidad, embebido como estaba por lograr el objetivo y el entusiasmo por saber todo lo que comprende una publicación. Por cierto, este es el primer consejo a cualquier persona que quiere convertirse en empresario: No se apresure sin antes estar enterado de todos los pormenores del negocio mediante un Business Plan. Desde ese momento trabajé durante semanas para escoger un nombre, y entre libros, diccionarios, y documentos nació el nombre Avance Hispano. La verdad que no fue muy difícil encontrarlo; desde que vine a estudiar a la Universidad de San Francisco, sin ninguna meta de quedarme a vivir aquí, me recomendaban que en vez de llamarme Marco que cambiara mi nombre por el de Mark, y en última instancia que dejara solo Marko. De igual manera hace cinco años me postulé políticamente para el comité del Partido Republicano, al cual fui elegido por mi distrito. Aún entonces los anglos me decían que cambiara mi nombre y así tomar ventaja del factor voto latino; y yo siempre me resistí, pues para mí todo compensa bajo una sola franja y es la de sentirse orgulloso de ser hispano.
Yo creo vehementemente que este sentimiento es compartido por miles de nosotros y revista Avance Hispano nace como una propuesta de integración para los hispano-parlantes del Área de la Bahía. Este medio nació para representar lo mejor de nosotros y mostrarle al mundo entero que nosotros estamos integrados al sistema de este país, y lo más importante: de que también hemos aprendido a competir y ya no es extraño encontrar en cada esquina un empresario latino de mucho éxito.
Pero bueno, siguiendo mi relato: Comencé a hacer toda una serie de movimientos y de comentarios de que nacía una nueva publicación. Las noticias llegaron hasta Venezuela, donde un tío mío, Don Luis Kontorovsky, junto con un amigo inversionista, un comediante muy conocido en Venezuela e internacionalmente, llamado Benjamín Rosseau, más conocido como el Conde de Guacharo, querían agregarse a la aventura de editar revista Avance Hispano.
Pronto recibí una llamada de que querían ser mis socios; no hablamos mucho de cuánto y cómo, sólo me dijeron que no podíamos lanzar una revista sin antes brindar una presentación de prensa con una fiesta de apertura y que en quince días venían a la inauguración, que lo arreglara todo. En ese instante sentí un alivio pensando que la carga sería menos pesada, al menos en la parte económica. Pero a la larga resultó lo contrario, porque ya surgían las exigencias de otras personas y yo tenía que ajustarme a ellas para no perder las expectativas.
Fijamos fecha de inauguración y hablamos con Ataúlfo Briz, propietario del restaurante El Oso, ahora llamado El Valenciano. La acción se hace sentir pronto. Mi amigo Ed López andaba de aquí para allá y me decía, no te preocupes, yo me encargo del diseño y la impresión y la producción en la imprenta. Y así fue, confié en Ed y me dediqué a las relaciones públicas, a invitar a otros empresarios al evento y así a configurar los temas y el contenido de la revista. Y la más difícil, definir una portada de impacto que reflejara la ciudad de San Francisco.
En aquel tiempo era todo un rollo tomar fotos y correr a revelarlas. Hasta ese momento, no sabías si obtendrías una fotografía que valdría la pena, pero el gasto lo hacías de todas maneras y si no tenías una buena foto habría que correr a hacer nuevas tomas. Luego, si las fotos eran a colores, se armaba otro rollo: separaciones de colores que costaba hasta $500 solo las separaciones; y después combinar con la imprenta las revelaciones que en aquellos años no se compara con las facilidades de ahora. Lo paradójico es que ahora cuando todo se resuelve más convenientemente con la tecnología en los medios impresos, el progreso se inclina por la vía interactiva gracias a Internet, y así los medios dan paso al progreso de manera diferente como medios de comunicaciones.
La revista se editó y Ed se la llevó a imprenta y yo me despreocupé de ella y me dediqué a los pormenores del evento. Todo iba de maravillas, mis socios me llamaban casi a diario para indicaciones o detalles, y faltando tres días para el evento y con los socios por venir de Venezuela, es cuando sucedió lo más interesante –que si a este relato le pudiera poner comerciales para mantenerlo en suspenso, así lo haría.
Tres días antes de recoger la revista en imprenta, Ed me llamó muy preocupado, me dijo que teníamos que hablar con urgencia y al notarlo preocupado le dije que nos reuniéramos en un café esa misma tarde. Lo primero que me dijo es: “Hermano, no tenemos revista”. Y agregó: “Bueno, ordena un café y te explico”. Creo que en eso se equivocó; yo creo que era en un bar donde tenia que haberme citado, porque esta noticia que me estaba dando merecía echarse una docena de tequilas. Para esa fecha yo no padecía de elevada azúcar ni presión alta, pero con el café y el tal percance creo yo que este artículo nunca se hubiera realizado porque ¡casi caigo fulminado! Ed era un individuo que nunca se inmutaba por nada, era de personalidad porfiada y le valía todo. Pero esta vez lo vi muy preocupado.
Y fue que le dije: bueno explícame exactamente la situación y ojalá que haya escuchado mal. ¿Por qué es que no hay revista? Y comienza a contarme que un chino que hasta esa fecha no creía tener ninguna participación en la película, era el protagonista principal pues era el de la imprenta. Ed había amarrado el trato con él y este hombre iba a imprimir la revista cuando los dueños no estuvieran en la imprenta. Y pues, resulta la casualidad que esa semana ¡los dueños no dieron ninguna oportunidad!
Lo primero que se me ocurrió fue agarrar del pescuezo al de la imprenta por sinvergüenza, pero matarlo se merecía por irresponsable; así que tuve que salirme del café para respirar un poco de aire y mi primera preocupación era confrontar a mis socios a quienes tenía que recoger esa misma tarde en el aeropuerto.
Llegué al aeropuerto una hora antes y me dije: bien, al toro por los cuernos. Mi ansiedad se propagaba al ver que no salían mis socios del avión, pues fueron los últimos en salir. Entonces que vi la cara y la cabeza de mi tío Luis con menos pelos que antes, acompañado de Benjamín Rosseau el comediante venezolano, quien por cierto corrió para presidente de Venezuela hace dos años contra Chávez.
Lo primero que me preguntaron fue si tenía una copia de la revista. En lugar de contestarles, nos fuimos a cenar y ahí hablamos del negocio. Fuimos a un restaurante a la orilla del mar en Sausalito, que tenía una vista espectacular de San Francisco y ahí les dejé caer la noticia. Mi tío se quedó en silencio, pero Benjamín de inmediato manifestó sus preocupaciones –que cómo preparas un evento, invitas a distinguidos empresarios y nos haces venir desde Sur América para que nos digas que no tienes revista.
Llegó el día del evento y eran ya como las 6 de la tarde y el evento estaba programado para las 8:00 PM y Ed no aparecía. Éramos tres los que dábamos vueltas preguntándonos dónde estaba el bendito Ed. Emelina Donaires, editora de la revista en ese tiempo, compartía conmigo la misma pregunta.
Cuando finalmente se aparece Ed y viene llegando con una portada tan fea, a dos colores en vez de cuatro, que yo estaba que quería desaparecer de la faz de la tierra y no presentar nada.
La cosa es que Benjamín Rosseau, el comediante, dio un show al que asistieron muchos venezolanos al saber que andaba por aquí en el lanzamiento de revista Avance Hispano. El cónsul de Venezuela Luis Ochoa Terán dijo un gran discurso y todo fue agarrando ambiente. La verdad es que yo lo que menos sospechaba era que había perdido mi primer socio. La mañana siguiente me dijo Rosseau textualmente: Yo no invierto en una revista con tal apariencia. Y tomó su avión y partió para nunca más regresar. Y mi otro socio decidió lanzar su propia revista en Venezuela y así nuevamente me quedé solo con el reto.
En fin, después de estos 20 años resultarían interminables las aventuras que podría contar sobre Avance Hispano. Pero, en conclusión, es para mí un orgullo poder transmitir y manifestar la voz del hispano del Norte de California, sus derechos, su cultura y sobre todo demostrar que somos capaces de integrarnos a este país, con su idioma y clima ajenos al nuestro; que también nosotros vamos a la lucha diaria, cosechando éxitos sin olvidar nuestras raíces.
Agradezco infinitamente a todas las personas que han depositado su confianza en esta publicación; patrocinadores, periodistas y otros empleados que han pasado por Avance Hispano.
Un agradecimiento especial a Vanessa Carías, quien editó y dirigió la revista por un tiempo y quien trabajó en ella con mucho empeño. También es meritorio mencionar a mi staff del presente, que ha superado las barreras del tiempo y la economía, y ahora la revista renace con muchos atributos que antes no tenía y gana más lectores cada día. Mientras la industria periodística cae a su más bajo nivel publicitario, Avance Hispano saca garras y alas para remontar más altura y crea un brazo derecho que se llama Avance Hispano Radial. También estamos en negociaciones para extendernos a la televisión en el futuro.
Nuestro ideal es que nuestros patrocinadores y la microempresa tengan igual oportunidad de hacer presencia en todos los medios de comunicación al igual que las corporaciones o las poderosas multinacionales. Nosotros también nos merecemos un espacio en el sistema y el éxito estará en obtener más clientes.
Una vez más doy las gracias a todos aquellos que han sido partícipes de esta aventura. Y a usted, amigo lector, le digo que no se quede ahí viendo pasar la acción frente a usted; súbase a nuestro tren y viaje con nosotros.

