En el libro “La Ley del Amor”, Laura Esquivel, la autora, nos explica cómo está ordenado el universo en “acomodadores” y “desacomodadores”. Los primeros, como el nombre lo dice, son seres que con una muy especial percepción, saben armonizar espacios, colores y sonidos con el fin de crear belleza y elevar el espíritu humano.
En días recientes, en San Francisco tuvimos una convergencia de “acomodadores” que nos demostraron que la teoría de Esquivel va mas allá de la ficción. Los nombres de estos “acomodadores”? Alondra de la Parra, la mismísima Laura Esquivel, artistas locales como Martha Rodriguez-Salazar y la Orquesta Sinfónica de San Francisco, que por segundo año consecutivo presentó el Concierto de Día de Muertos. Entre ofrendas, catrinas y animales de papel maché, charlamos con Laura Esquivel y Alondra de la Parra en entrevistas separaradas, en días previos al concierto.
Siempre hay un retorno.
Ataviada en un sencillo vestido color oscuro que hacia resaltar la exquisitez de los collares y anillos de plata de la escritora, Laura nos dio sus puntos de vista sobre la vida, el amor y el eterno retorno.
“ El Día de Muertos es una celebración muy especial, sobre todo para quienes hemos perdido seres queridos., además de que es una idea muy bella que representa otra visión del mundo… es como una reintegración, es ver la muerte como parte de un ciclo de vida. Es una celebración llena de gozo, de alegría, de reunificación y de humor, que es importante compartir…” explicó la autora de ‘Como agua para Chocolate, para quien nacer y morir no son eventos que se dan de una forma líneal “es un proceso circular en el que el espíritu permanece y donde siempre hay un retorno… es por eso que no creo en la muerte, pues la energía no se pierde, la energía amorosa es eterna, está a nuestro alrededor y está dentro de nosotros, no es que alguien viene y nos la da, es maravilloso compartirlo, pero es una energía que va mas allá de cuerpos, de cercanías, de un contacto, es una energía que no tiene límites, ni se acaba…” dijo Laura Esquivel al explicar el significado y la importancia del Día de Muertos para ella.
Alauda, la que suena.
Hablar de Alondra de la Parra es hablar de juventud y talento. Con apenas recién cumplidos 29 años, Alondra es una de las directoras de orquesta más jóvenes del mundo. “Tuve la suerte de que desde muy niña supe que era lo que quería ser, quería estar cerca de una orquesta, jugar con sonidos, crear sonidos, pero era también una niña muy insegura, que a pesar de que amaba crear, no tenia la seguridad de que lo iba a lograr…” nos cuenta esta joven mexicana cuyo nombre, Alondra, etimológicamente significa, “la que suena”, como sí al haber elegido el nombre, los padres la hubieran predestinado para el mundo de la música.
“… Y eso es lo que hago… hago “sonar”orquestas. Empecé acomodando sillas, pero trataba de estar preparada para cuando llegara mi oportunidad, observando otros directores, escuchando otras orquestas, aprendiendo la técnica física para dirigir orquestas, hasta que la oportunidad llegó, en Nueva York, fue en donde por vez primera dirigi una orquesta profesional… al escuchar el sonido y ver que la orquesta reaccionaba a mi gesto, sentí una certeza total, de que eso era lo que yo tenia que hacer en la vida, !que vine al mundo para dirgir orquestas!” concluyó emocionada nuestra entrevistada.
Convergencias en Acción.
La exhibición de ofrendas presentada en las instalaciones de la Sinfónica, estuvo dedicada a los ciclistas fallecidos en accidentes viales en las calles de San Francisco. Frente a las Catrinas montadas en una bicicleta, Martha Rodríguez, curadora de la exhibición, nos explicó el significado de cada detalle: “En cada pluma hemos puesto el nombre de una persona que murió en algun accidente de bicicleta” dice refiriendose a las alas plateadas que parecen impulsar la bicicleta de las Catrinas. “Se organizaron talleres en coordinación con el Centro Cultural de la Misión para elaborar los elementos de las ofrendas y los coloridos animales de papel maché, algunos con materiales reciclados y todos en alusion con el repertorio musical que se presentará en el concierto, con piezas de autores latinoamericanos, principalmente” nos explicó Rodríguez.
El día del concierto llegó. Los asistentes fueron recibidos con chocolate caliente y pan de muertos, calaveritas de azucar adornadas con nombres en la frente y papel picado de todos los colores posibles contrastando con las luminosas flores de zempazúchitl que bordeaban el escenario.
Con pasos firmes Alondra de la Parra tomó su lugar frente a la orquesta, alzó la batuta y tras los primeros acordes iniciados por los músicos de la orquesta, sonaron también los tambores y las caracolas marinas de los danzantes aztecas que invadieron la sala saludando a los cuatro elementos en un breve ritual para dar comienzo a la celebración del Día de Muertos de la Orquesta Sinfónica de San Francisco.
Interactuando con el público, dando explicaciones de manera alegre y jovial, dando instrucciones para bailar, Alondra de la Parra hizo a los asistentes reír, gozar y emocionarse al ritmo del Huapango de Moncayo y cadenciosos danzones, dando paso a Laura Esquivel, que magnificamente ataviada como “La Catrina” leyera en su muy particular estilo, los versos de las calaveritas (versos humorísticos con alusión al Día de los Muertos) adaptadas a “El Carnaval de los Animales”.
Así, destilando música por la piel, e impregnándola hasta en los poros del papel picado que inquieto se movía sobre el escenario, Alondra de la Parra hizo el milagro de hacer converger talentos e instrumentos, artistas y audiencia, música y alegría en un mismo recinto, constatando que efectivamente, como lo anticipara Laura Esquivel, el Día de los Muertos, es una celebración de gozo.
- “De dónde sale toda esa fuerza que tienes en el escenario para dirigir toda una orquesta y hacer que todo el publico se eleve junto contigo? Le preguntamos a Alondra de la Parra al final del concierto. La respuesta, rápida y contundente, con un destello en la mirada, fue sencilla: “Del alma, todo eso sale del alma …”.

